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Coeficiente de esbeltez

El coeficiente de esbeltez de un árbol es la relación entre la altura y el diámetro en la base. Cuanto más esbelto es el árbol que crece en medio del bosque, más posibilidad tiene de alcanzar el dosel y recibir la luz directa del sol. Pero también más peligro de ser derribado por un vendaval y romperse.

La esbeltez, por tanto, es una delicada negociación entre dos dimensiones fundamentales para la vida vegetal. Y un arma de doble filo. Permite disfrutar de los beneficios de llegar primero y, al mismo tiempo, expone al riesgo de ir demasiado rápido y elevarse sin tener un anclaje sólido. Este tipo de dilema que observamos en el mundo vegetal lo enfrenta —de un modo u otro— toda forma de vida. También los seres humanos.

Las personas descubrimos durante nuestro crecimiento, a menudo de forma dolorosa, que el desequilibrio entre aspectos importantes de nuestra existencia conlleva negociaciones y riesgos. Esa experiencia universal la hemos recogido en dichos, refranes y expresiones coloquiales: “Torres más altas han caído”; “cuanto más alta es la subida, más dura es la caída”; “quien mucho abarca, poco aprieta”, “no por mucho madrugar amanece más temprano”. 

La vida tiene un ritmo, una proporción y un equilibro que conviene descubrir, como nos recuerda la sabiduría popular. De no hacerlo, las consecuencias pueden ser graves.

En la Biblia, el deseo de elevarse y alcanzar el conocimiento del bien y del mal (reservado a Dios), lleva al fatal desenlace que nos narra el Génesis: la expulsión del Edén. Más adelante, la historia de Babel podría considerarse otro antecedente bíblico de esta misma intuición, aunque expresada en términos colectivos. El empeño por exceder los límites y alcanzar el cielo, simbolizado en la construcción de una torre, es signo de soberbia y será igualmente castigado.

La lección de ambos pasajes es clara. Sobredimensionar un deseo —alcanzar el cielo o el conocimiento absoluto— y transgredir los límites conduce al colapso, la ruptura y la dispersión de la humanidad.

En este sentido, las palabras de Pablo a los Efesios adquieren un significado especial. Cuando invita a “comprender, con todos los santos, cuál es la anchura, la longitud, la profundidad y la altura del amor de Cristo” (Ef 3, 18), ¿no está acaso pidiendo que prestemos atención a varias dimensiones, que no prioricemos solo una? Y al hacerlo, pone como modelo al propio Jesús. Porque el amor de Jesús no se centraba solo en un aspecto humano o seleccionaba un grupo particular de personas: lo abarcaba todo, lo abrazaba todo y alcanzaba a todos. 

La intuición bíblica, de nuevo, es clara. Nuestra vida está llamada, como la de Cristo, a ser plena, no plana; multidimensional, no unidimensional.

En 1964, el pensador Herbert Marcuse publicó un libro titulado El hombre unidimensional. En su crítica al marxismo y al capitalismo, Marcuse afirmaba que ambos sistemas habían generado un universo «unidimensional» de pensamiento y comportamiento, caracterizado por sujetos con «encefalograma plano».

Como les sucede a los «arboles unidimensionales» –aquellos que invierten de forma casi exclusiva en la altura—, cuando los seres humanos nos centramos en un solo aspecto de la vida nos volvemos superficiales, sin raíces, «personas unidimensionales» con un coeficiente de esbeltez excesivo que nos deforma, nos hace vulnerables y nos vuelve más frágiles.

Frente a este peligro, contemplar la plenitud del amor de Dios —su anchuralongitudprofundidad y altura— puede servir de antídoto. Nos puede ayudar a ser personas más plenas, más sólidas, más consistentes.

Dicho con las palabras que el pensamiento social cristiano desarrollará siglos después, se trata de promover un desarrollo humano integral. Un tipo de desarrollo que toma en consideración la complejidad del ser humano y no se fija solo en sus necesidades básicas y materiales, sino también en sus relaciones y sus aspiraciones estéticas, simbólicas y espirituales. Una persona plena es aquella que cultiva la profundidad y la anchura, no solo la longitud y la altura.

Y esta intuición sirve también para iluminar nuestra relación con los demás. La educación de los hijos, el cultivo de la amistad o la relación de pareja corren el mismo riesgo de tornarse frágiles cuando se centran en una única dimensión, descuidando el resto.

Por ejemplo, cuando unos padres proyectan sobre un hijo el sueño que ellos no pudieron alcanzar, forzándole a que sea él o ella quien lo cumpla; o cuando una pareja empobrece su comunicación, reduciéndola a un mínimo; o cuando una amistad gira solo en torno a un aspecto lúdico, perdiendo profundidad. En todos esos casos se corre el riesgo de olvidar otras dimensiones importantes. Y al hacerlo, la relación se deforma, se torna excesivamente esbelta e inestable, pudiéndose quebrar.

El papa Francisco, como pastor de la Iglesia, ha expresado una preocupación similar al advertirnos del peligro de una «Iglesia autorreferencial». Una Iglesia encerrada, que mira solo su propia imagen. Se trata, en palabras del obispo de Roma, de una especie de narcisismo de grupo que convierte a la comunidad cristiana —como le sucedió a aquella mujer del Evangelio— en una institución deformada, curvada sobre sí misma.

La creación, la experiencia humana y la sabiduría de las escrituras nos enseñan a educar nuestra mirada. Nos invitan a contemplar la realidad de forma plena —poliédrica o multidimensional— y así percibir en toda su riqueza cuál es la anchura, la longitud, la profundidad y la altura del amor de Dios. 

Si obramos así, podremos evitar el exceso de esbeltez y aprenderemos a amar con la plenitud para la que hemos sido creados.

Jaime Tatay, SJ

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3 comentarios en “Coeficiente de esbeltez

  1. Lorenzo Lopez Amo dijo:

    Se nota que algo de resistencia de materiales ha estudiado, padre. Me interesa el hincapié que están, muchos de uds. haciendo acerca de un mundo poliedrico, multidisciplinar, de n dimensiones…porque ciertamente en la globalización del avión a reacción en que muchos pueden viajar y atravesar el globo en poco tiempo nos encontramos, nos chocamos con diferentes tradiciones y culturas, con diferentes religiones. También me interesa este mundo de los derechos humanos, derechos trans, derechos al aborto, eutanasia, a la secesión, a la inculturación con una lengua menor en detrimento de una lengua mayor, etc….. y..me interesa porque claro Jesús se movió por Galilea y Judea…. Un afectuoso saludo

  2. M Pilar Melgar dijo:

    Excelente exposición, no se puede decir mejor. Muchas gracias por ofrecerme esta idea tan práctica del coeficiente de esbeltez y todas las aplicaciones que expresa. Creo que llegar a esa contemplación de la anchura, altura y profundidad del amor de Cristo es una gracia que necesitamos pedir

  3. M Pilar Melgar dijo:

    Excelente exposición, no se puede decir mejor. Muchas gracias por ofrecerme esta idea tan práctica del coeficiente de esbeltez y todas las aplicaciones que expresa. Creo que llegar a esa contemplación de la anchura, altura y profundidad del amor de Cristo es una gracia que necesitamos pedir.

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